Ver perfil

💁🏼‍♀️ Al habla la vicepresidenta

Borja Ventura
Borja Ventura
✏️ 1.800 palabras ⏱️ 14 minutos 
👋🏻 Saludos, votantes,
En tiempos de bloques, cordones y rupturas no viene mal recordar que la política va de hablar, de llegar a acuerdos, de negociar con quienes piensan distinto. De hecho, tan mal está la cosa que la negociación se antoja necesaria incluso (sobre todo, diría) con quienes piensan igual. Y en esas está la vicepresidenta Yolanda Díaz, que ahora sí da un paso al frente.
Al lío 👇🏻
🗯️ Punto uno: la izquierda
Tras meses de especulaciones ya hay anuncio de algo. Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno y figura carismática de la nueva izquierda, anunciaba la semana pasada que entraba en “fase de escucha” para poner en marcha un movimiento político y valorar si presentarse o no como candidata a las generales que llegarán, como tarde, el año que viene.
Lo hacía con nocturnidad y alevosía política, en una entrevista en RTVE mientras todos los ojos y oídos políticos del país prestaban atención a la crisis interna del PP. Para hacernos una idea, lo soltó justo a la vez que Teodoro García Egea, ya exsecretario general de los populares, era entrevistado en La Sexta. Nada casual.
La noche en 24 horas
Yolanda Díaz (@Yolanda_Diaz_): “Te avanzo ya que en primavera me lanzo a un proyecto de escucha, voy a recorrer mi país (...) con una única vocación, que es la reducir esa brecha democrática que hay entre la ciudadanía y la política”

#LaNoche24h

📺 https://t.co/RTZcdx2MFl https://t.co/TvLYEVRrKL
Díaz habló de “recorrer el país” y de “fase de escucha” para “tejer un proyecto de país diferente”. ¿Y eso qué quiere decir? Que tiene que negociar con muchos colectivos desperdigados, trozos de la izquierda que una vez se empezaron a aglutinar alrededor de Podemos y que con su desgaste han ido soltándose. 
¿Y por qué ella? Posiblemente porque no es de Podemos, o no de la forma en que son de Podemos los de Podemos. La ruptura de la izquierda ha tenido que ver con el excesivo dogmatismo de sus dirigentes, hasta el punto de que en los últimos años se hayan multiplicado las facciones. Por eso Díaz asegura que va a “ser una simple herramienta”. Tiene claro cuál fue el pecado original de Pablo Iglesias, y por eso huye del personalismo: a fin de cuentas no le hace falta ser personalista porque no tiene competencia en valoración a la izquierda, incluso entre los votantes socialistas.
Valoración de líderes (Fuente: CIS, enero 2022)
Valoración de líderes (Fuente: CIS, enero 2022)
Díaz quiere ser lo que intentó ser Manuela Carmena en Madrid: una cara reconocible y carismática, la candidata de un movimiento diverso, no uniforme. Reunir, no asimilar. No exigir la rendición a unas siglas y dogmas, sino ofrecer ser parte de una plataforma que reúna a otros, no sólo partidos políticos, pero sobre todo partidos políticos. Y eso, que tiene todo el sentido, no va a ser para nada fácil. Y la primera piedra en el camino será de color morado.
🟣 En Podemos de momento transigen, porque son conscientes de que han perdido pujanza y porque su exceso de celo en estos años les ha llevado a una posición de debilidad que les resta capacidad de aglutinar a otros. Pero está por ver que acepten ser ‘uno más’ en un conglomerado de partidos, con algunos de los cuales no se llevan especialmente bien. Baste recordar: Yolanda Díaz es la cabeza visible para Podemos, pero no es la líder orgánica de Podemos.
🟢 El siguiente escollo es Más País. En este caso la vicepresidenta lo tendrá algo más sencillo por una parte, pero más complicado por otra. Más sencillo porque la fórmula nacional no les funcionó, así que sería una forma natural de integrar la marca que sí es fuerte (Más Madrid, líder de la oposición a Ayuso) en un proyecto nacional sin volver a acusar el desgaste. Lo difícil será precisamente reconstruir puentes rotos: ¿es factible reunir bajo el mismo paraguas a Íñigo Errejón y los suyos con sus excompañeros de siglas? Quizá la retirada de Pablo Iglesias ayude, pero sin duda será un reto mayúsculo. Al menos su líder en la capital, Mónica García, que ganó las elecciones en Madrid, sí ha mostrado su cercanía participando en aquel primer acto político que empezó a dar forma al proyecto de la vicepresidenta.
🔵 El siguiente grupo de izquierda no es en realidad un grupo, sino los restos del naufragio. Se trata de las ‘mareas’ gallegas, de los ‘comuns’ catalanes y de las escisiones andaluzas. Los primeros acabaron arrasados tras su éxito en 2015, y su pujanza electoral fue absorbida por el BNG. Como gallega, la primera misión de Díaz será volver a cohesionar a esos movimientos sociales y desligarlos del nacionalismo para atraerlos a un proyecto nacional. En cuanto a los segundos, siguen siendo una especie de rama periférica de Podemos, aunque con claras simpatías hacia Díaz. No es casual que también Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, fuera otra de las participantes de aquel primer acto y luego organizara el segundo. El papel de los andaluces es difícil de prever, toda vez que Teresa Rodríguez ha demostrado ser más ortodoxa incluso que el propio Iglesias en cuanto a las siglas se refiere.
💬 Punto dos: los nacionalistas
Como si los retos anteriores no fueran complicados de por sí, el de abordar el encaje con el nacionalismo periférico no será menos complicado. Hay formaciones, como el citado BNG, que pueden desinflarse si la plataforma de la vicepresidenta prospera… pero hay otras que no. Con las primeras compite, con las segundas puede buscar apoyos externos. 
¿Y por qué los nacionalistas son tan relevantes para el éxito del proyecto? Porque en una realidad tan polarizada los escaños nacionalistas son clave para alcanzar mayorías. Baste echar un vistazo al papel que hizo Pablo Iglesias recopilando apoyos que hicieran posible la moción de censura contra Mariano Rajoy. Ya lo comentamos en su día, en uno de los primeros boletines que mandé: intentó crear un frente común que le llevara a Moncloa que no fraguó… pero al menos hizo posible llevar a Sánchez con él de copiloto.
La clave aquí es cómo de receptivas van a ser esas fuerzas nacionalistas. Y para responder a esa pregunta entran en juego variables diversas, como la afinidad ideológica (es evidente que los nacionalistas de derechas quedan fuera de la ecuación) o cuánto de nacionalistas son los votantes de esas formaciones. Vaya, que es clave saber cuánto ‘voto prestado’ pueden tener del colapso de las formaciones de izquierda, que podría volver igual que se fue, y cuánto es realmente nacionalista. 
La propia Díaz, en el acto antes mencionado, ya dio una pista de a qué podría aspirar con su proyecto a ese respecto
Otras políticas
Otras políticas
🟠 Compromís es probablemente el grupo nacionalista más afín al proyecto, tras serlo con Podemos primero y con Más País después. Es verdad que la carga nacionalista de sus propuestas es menor que el de otras formaciones, y eso facilita las cosas. Y es elocuente que Mònica Oltra fuera otra de las participantes en aquel acto político… que precisamente se celebró en Valencia. Es, además, un aliado importante, y no sólo por su presencia en el Congreso: gobiernan en coalición con el PSOE en la Comunidad Valenciana y mantienen 17 de los 99 escaños autonómicos. 
🟡 ERC y EH Bildu son casos bien diferentes, aunque los catalanes cargan con una mochila menos pasada que los vascos. Ambas formaciones serían posibles aliadas ideológicas para algunos proyectos, pero en ningún caso entrarían a formar parte de un proyecto nacional amplio: para ambas la clave nacionalista es fundamental, y sus intereses en Madrid se supeditan, y mucho, a los que tienen en Cataluña y País Vasco. Ambas fuerzas tienen presencia en el Congreso y son fundamentales en sus regiones, gobernando los primeros y siendo líderes de la oposición los segundos.
🔴 Geroa Bai sería quizá un punto medio entre los dos casos anteriores: de prioridad nacionalista, pero con visión algo más constructiva en el plano del encaje nacional. Llevan dos legislaturas manteniéndose en nueve de los 50 escaños, pero la fragmentación del Parlamento navarro les llevó a gobernar en coalición entre 2015 y 2019. La subida de los socialistas en las últimas elecciones (de 7 a 14 escaños) invirtió las tornas y perdieron el mando… aunque mantienen el peso y la influencia regional. Eso sí, llevan desde 2015 sin representación en Madrid y su aportación no sería tan relevante como las anteriores.
🟢 Una situación comparable, aunque con menos peso autonómico, es la de MÉS en Baleares. También gobernó en coalición con los socialistas hasta 2019, pero salieron del ejecutivo al dejarse cinco de los nueve escaños autonómicos que tenían (de un total de 59). Es decir, han vivido un importante retroceso, en parte por su competencia con Podemos, pero precisamente eso hace pensar que podrían recuperar la pujanza perdida sumándose a un polo amplio de izquierda nacional.
💭 Punto tres: los regionalistas
El mayor interrogante ahora mismo está, sin embargo, en las nuevas formaciones regionalistas. Las distintas marcas de la llamada ‘España Vaciada’ y su posible concurrencia conjunta, de la que también hablamos hace semanas. De buenas a primeras, parece complicado que tuvieran encaje (o mejor dicho, quisieran encajarse) en un proyecto nacional como este. En primer lugar, porque no todas las fuerzas dentro de ese colectivo son necesariamente de izquierdas. Segundo porque para algo están haciendo su propio conglomerado político, como para unirse al de otros.
No conviene descuidar tampoco un detalle importante: esa ‘nueva izquierda’, es decir Podemos y sus diferentes versiones y escisiones, no han conseguido buen encaje fuera de las grandes ciudades. En el ámbito rural el bipartidismo ha mantenido su músculo electoral, en gran medida gracias al sistema electoral (también tenemos una carta para eso). Y los que eran nuevos partidos, entendiendo como tales a Podemos y Ciudadanos, no consiguieron tener capilaridad ni estructuras en el ámbito rural. Los nuevos-nuevos (es decir, Vox) sí lo han conseguido, aunque en su caso por otro motivo: pulsar bien el descontento fuera del foco.
Así las cosas, no parece sencillo que plataformas pujantes como Teruel Existe o Soria Ya puedan integrarse en esto. Es su momento. Y por eso quizá sea más factible intentarlo con proyectos políticos con algo más de trayectoria que no necesariamente están por la vía ‘vaciada’. No encaja por ejemplo Unión del Pueblo Leonés, que es veterana (de 1986) pero conservadora, pero quizá sí la Chunta Aragonesista, nacida el mismo año y en este caso de izquierdas.
🤔 Uniendo los puntos
Lo que se propone hacer la vicepresidenta es lógico: coser lo descosido y recuperar una opción política a la izquierda del PSOE que cerca estuvo de lograr ‘sorpassarles’. Lo hace con dos puntos a favor: siendo carismática y teniendo experiencia de gestión. El momento, además, es propicio: si el PSOE se va hacia el centro antes de que un nuevo PP vuelva a interesarse por él le queda más margen de movimiento a su izquierda. 
Pero no va a ser fácil, primero por todo lo expuesto, y también porque la política se ha vuelto volátil: ella misma estuvo a punto de dejarlo estar cuando su reforma laboral estuvo al borde del abismo. Y ahora que los espacios políticos se redefinen con la caída de Casado, los equilibrios necesarios para aglutinar tanto ego herido pueden ser imposibles de mantener. Al menos cuenta con que al PSOE no le interesa una competencia directa contra ella: son rivales, pero se necesitan como aliados para poder sumar mayoría. A fin de cuentas, ya sabe lo que es ser vicepresidenta, que no es como ser presidenta, pero…
Te escribo el sábado 👋🏻
¿Te ha gustado? Sí No
Borja Ventura
Borja Ventura @borjaventura

Dónde vives, cómo vistes, en quién confías... Todo es política y todo es siempre personal. ¿Te apuntas?

Para cancelar tu suscripción, haz clic aquí.
Si te han remitido este boletín y te ha gustado, puedes suscribirte aquí.
Created with Revue by Twitter.