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🎤 El purismo desafina en el tono electoral

Borja Ventura
Borja Ventura
✏️ 1.700 palabras ⏱️ 12 minutos 
👋🏻 Saludos, votantes,
El lunes hablábamos del BenidormFest en clave política. Así, la izquierda había dividido sus preferencias entre dos opciones reivindicativas, pero al final se llevaba la victoria (y la candidatura a Eurovisión) la opción conservadora que parecía no contar para nadie. La semana ha seguido en la misma tónica de dar recaditos electorales: primero las elecciones en Portugal y después el sainete de la reforma laboral. 
Al lío 👇🏻
🕺🏻 Punto uno: siguiendo el ritmo de las promesas
En toda ideología política hay corrientes en tensión. Uno de los ejes más disputados es el de la ortodoxia contra el pragmatismo. Es decir, la tentación de llevar las ideas y el programa hasta sus últimas consecuencias y la estrategia de tener algo de cintura y adaptarse a las circunstancias. Es verdad que en el plano ideológico uno espera garantías (si prometes esto, cúmplelo, o si percibes injusticias reivindica la necesidad de combatirlas) pero también es cierto que la política ya no es lo que era, y no lo es por varios motivos.
En primer lugar porque de un tiempo a esta parte ya no se hacen programas electorales como los de antes. Es curioso, porque era el típico texto extenso que casi nadie se leía más allá de la prensa, pero que servía como ‘garantía’ (es un decir). Era el documento en el que se supone que una candidatura condensaba lo que haría si gobernara, aunque en realidad muchas veces se llenaba de generalidades vagas o, directamente, se incumplía. 
En el PP durante unos años caló la idea de que los programas electorales no eran necesarios, y primero Esperanza Aguirre y después María Dolores de Cospedal fueron candidatas sin programa. Para ser fieles a la verdad, Aguirre presentó un programa de una página con diez puntos y Cospedal sacó el suyo tres días antes del cierre de campaña ante la polémica surgida. Aquello hizo que se abriera un debate sobre la necesidad de elaborarlos. Era 2015 y el PP venía de dominar la política de forma incontestable, y las urnas respondieron: ambas perdieron, aunque no fuera sólo por eso.
Autor: Ángel de Antonio (ABC)
Autor: Ángel de Antonio (ABC)
Pero, se lean o no, el hecho de que se cuestionaran los programas electorales no es que inspire mucha confianza: ¿cómo sé qué harás si te voto, más allá de que me gustes tú o lo que representas?
A estas alturas la decisión de publicar programas o no es ya una cuestión de posicionamiento ideológico. Los más clásicos, como el PSOE y el PP, optan por compartir sus extensos programas electorales nacionales (luego en los autonómicos no siempre es así). En el flanco derecho siguen la escuela de Aguirre y cambian programas por decálogos, como Vox, o alternan ambos conceptos, como Ciudadanos. Y los hay que hacen programas detallados por sectores y, además, en varias versiones, como Podemos o Más País.
🔴 PSOE
🔵 PP
🟢 Vox
🟠 Ciudadanos
🟣 UP
⚪ Más País
En realidad un programa electoral no sólo debería servir antes de las elecciones, sino también después de ellas para hacer seguimiento a lo cumplido. Por eso triunfó tanto la iniciativa de Politifact, allá en tiempos de Obama, cuando recopiló todas sus promesas electorales (porque allí no hay programas como los de aquí) y fue haciendo una auditoría de su traslación legislativa durante todo su mandato. ‘Obamometer’ lo llamaron. Aquello les valió un Pulitzer, y creó escuela, así que siguieron con Trump (‘Trump-o-meter’) y ahora lo hacen con Biden. De momento la cosa (teniendo en cuenta que Biden lleva un año de mandato) va así:
🎛️ Punto dos: mezclar ortodoxia con pragmatismo
Estábamos hablando de música y te pones a improvisar sobre programas electorales. Bueno, es que la política también es como el jazz: admite derivadas y tangentes. Y en realidad hablar de programas aquí tiene sentido, porque la ortodoxia de una ideología se basa justamente en eso, en elaborar un ‘contrato’ que tienen que seguir sean cuales sean las circunstancias. Y ya se ve que hay partidos más ortodoxos que otros. Programa, programa, programa, que diría Anguita. 
Pero claro, cada ideología tiene dentro de su ortodoxia una parte realista y otra menos realista, en función del momento. Sirva como ejemplo un intercambio de tres tuits de hace días, cada uno respondiendo al anterior:
Un rasgo actual en la izquierda de la izquierda: realismo en relaciones internacionales (“los intereses son los que son, y Rusia tiene los suyos, es duro pero hay que reconocerlo”). E idealismo en política doméstica (“hay que cambiarlo todo y se puede porque es legítimo”) - Ramón González Férriz
En el extremo centro las tornas se invierten: híperrealismo en la política doméstica (no subamos el SMI no vaya a ser que…), idealismo en las relaciones internacionales: exportemos la democracia a cañonazos (Irak), que la OTAN llegue a Moscú y no nos preocupemos del gas… - Enric Juliana
Pienso que no hay consistencia ideológica, sino que va por casos. En el Sáhara Occidental o Yemen, las posiciones realista/idealista se intercambian. Son dos paradigmas más útiles para elaborar esquemas que para entender la realidad - Jorge Tamames
Por si esto no fuera poco, aquí llega la segunda gran cosa que ha cambiado en la política actual: ahora casi nadie gobierna en solitario y te toca alcanzar acuerdos con distintos actores para contar con la mayoría suficiente para sacar iniciativas adelante. Vaya, que te puede gustar mucho un estilo musical, pero a lo mejor tienes que llegar a consensos sobre qué poner durante el viaje para que todos los pasajeros vayan a gusto. Mi programa era uno, pero mis circunstancias acaban siendo otras.
🎵 Punto tres: sin sintonía no hay quien baile en pareja
Bajemos a la pista de baile. Durante la primera mitad de su mandato este primer Gobierno de coalición ha sabido elegir bien la ‘playlist’, la verdad. No valoro las decisiones tomadas o la gestión, sino el nivel de cohesión interna. Es cierto que han trascendido choques y encontronazos, pero todo ha sido razonablemente armónico tratándose de la primera experiencia de este tipo, y más habiendo tenido que gestionar algo tan comprometido como la pandemia y el cambio de ciclo político en el seno de uno de los socios de gobierno.
Y es aquí justo cuando reunimos las partituras desplegadas en la mesa. Lo que sucedió en el BenidormFest es un mensaje para esa izquierda tan ortodoxa que tensa las negociaciones hasta el punto de sólo aceptar sus principios. Y es lo que ha sucedido esta semana con la aprobación de la reforma laboral (y con la victoria de Chanel).
Si estamos de acuerdo que en esta política actual hay que buscar consensos amplios, ¿cómo puede haber corrido tanto riesgo un acuerdo que han suscrito no sólo el Gobierno, sino también la patronal y los sindicatos? Que no es una derogación de la reforma laboral en vigor está claro aunque lo defiendan, pero desde una visión de izquierdas cualquier mejora debería ser una victoria, aunque sea como punto de partida. Y más habiendo pacto social. Sobre todo habiendo pacto social.
Es verdad que en este caso las presiones han sido múltiples: el PP apuntándose el tanto de la no derogación, Ciudadanos ofreciendo su apoyo para alejarse de los populares y desplazar a Podemos, Yolanda Díaz (sindicalista) forzando para llevarse el mérito sin soliviantar a las bases y Sánchez intentando atar todos los cabos.
Mientras, de fondo, los partidos nacionalistas (la mayoría de ellos de izquierdas) poniendo palos en las ruedas. No conviene olvidar que además siempre va a haber factores externos, llámalo jurado del BenidormFest llámalo medios de comunicación, que van a añadir presión. Y no sólo en esto, sino en cualquier cosa: mira al poder judicial por ejemplo con la Ley de Vivienda… y ya veremos ahora si los letrados de las Cortes o el TC para resolver el lío del voto telemático en la aprobación. Al final tiene pinta de que, como en Benidorm, a la derecha se van a quedar tocando el teclado en solitario de espaldas al público.
💭 Punto cuatro: propósito de enmienda (del Congreso)
Además de todo el sainete del voto erróneo del PP, quédate con dos ideas: el texto se iba a aprobar gracias a Ciudadanos y a que dos diputados conservadores (de UPN) iban a apoyarla a cambio de prebendas en Navarra mientras que el PP y Vox votaban en contra junto a (atención) ERC, EH Bildu, CUP, BNG o Junts. Y a todo esto, el bloque del Gobierno con un voto menos porque Podemos se niega a sustituir el escaño perdido de Alberto Rodríguez. Adiós ortodoxia, hola tacticismo.
Lo sucedido esta semana con la reforma laboral iba a ser un punto de inflexión (otro más) en la legislatura. Iba a serlo porque el Gobierno se las prometía muy felices con el apoyo de UPN. Y luego iba a serlo porque la oposición se las prometía más felices aún sabiendo que los dos diputados navarros iban a romper la disciplina del partido y dejar al Gobierno compuesto y sin reforma.
Lo que nadie esperaba es que ni la ortodoxia fallida ni en las intrigas urdidas en las sombras fueran decisivas. Al final, un error humano ha decidido el resultado. Y lo peor no es el desenlace de la votación, sino las consecuencias de todo esto porque el segundo y tercer partido del país están insinuando que lo sucedido en el Congreso es un ‘pucherazo’. Por si te interesa, intenté explicarlo en este hilo
Borja Ventura
Llevo desde ayer leyendo a unos y otros y, por lo que parece, lo que sucedió es lo siguiente:

🧵 Dentro hilo 👇🏻
Pero, volviendo a la disyuntiva entre ‘hacer lo que se espera de mí y mi ideología’ y ‘adaptarme al contexto, los pactos o los intereses de fondo’, lo sucedido en el Congreso deja una reflexión interesante, bien sintetizada aquí:
Al margen lo airado de la discusión aquí, esta jornada me parece una ilustración ejemplar del irresoluble conflicto entre el ‘ser’ y el ‘deber ser’ del mundo, entre la realidad y la expectativa. Lo que la izquierda antaño llamaba el dilema entre reforma y revolución - Pedro Vallín
Seguramente por eso en la izquierda algunos llevan un tiempo intentando cambiar el paso. Serán acuerdos de mínimos, pero además de ver a Yolanda Díaz con el presidente de la patronal, también hemos visto a Pedro Sánchez con la Conferencia Episcopal. A fin de cuentas gestionar es eso: hacerlo con varios y para todos. Cuando las mayorías propias no suman, hay que buscar rascar algo en las externas. Ya se sabe: no siempre habrá errores humanos que ayuden a tu causa…
JJ Guillén (Agencia EFE)
JJ Guillén (Agencia EFE)
Fernando Olmo (La Moncloa)
Fernando Olmo (La Moncloa)
Es posible que ambos candidatos hayan entendido que, más allá de la ortodoxia, ya no gobierna quien gana, sino quien tiene capacidad de sumar apoyos, y no sólo con partidos políticos sino con todos esos agentes externos. Y en eso, en unir lo descosido, en pactar entre distintos, va a estar la clave del ciclo electoral que empieza: menos ortodoxia, más pragmatismo; menos programa, más posibilismo. Ser más transversal y eficaz que purista y permanentemente reivindicativo.
Y todo esto aplica a izquierda… y a derecha. Aunque ahora estén subidos al monte clamando porque un error humano les ha hecho perder su jugada maestra contra el Ejecutivo.
💭 Punto cinco: me despido
En estos días de frustración tras el BenidormFest algunos proponían que Tanxugueiras, ya que cantan en gallego, se presentaran con Portugal y así podrían al menos apoyar alguna canción. Cuidado, insisto, con los dogmatismos, que Portugal marca el camino y no por lo eurovisivo. Allí la izquierda se negó a apoyar los Presupuestos del Gobierno del que formaban parte, lo que obligó a convocar elecciones y han acabado en la lona: los socialistas han subido hasta lograr la mayoría absoluta (sumando nueve escaños) y el bloque a su izquierda se ha derrumbado (perdiendo catorce). ‘Radicals, zero points’. Así también terminan las coaliciones. O las mayorías de investidura.
El lunes te escribo de nuevo 👋🏻
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Borja Ventura
Borja Ventura @borjaventura

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