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🪆 Lo muñeca más pequeña de todas

Borja Ventura
Borja Ventura
✏️ 1.800 palabras ⏱️ 13 minutos 
👋🏻 Saludos, votantes,
Voy a soltar todo lo malo de golpe para que el trago pase rápido. Más de un millón de ucranianos ha abandonado su país y los muertos se cuentan por miles. Rusia conquista centrales nucleares abriendo fuego sobre ellas, como lo hace contra civiles en corredores humanitarios que son trampas mortales. El riesgo de una escalada mundial de un conflicto nuclear es real. Y mientras eso sucede, los precios de la energía (y por tanto, de todo lo demás) se disparan. 
Cuando se asiente el polvo de la guerra, sin embargo, hay una pequeña esperanza de que algunas cosas mejoren para el futuro.
Al lío 👇🏻
🇪🇺 Punto uno: el inesperado aliado de lo occidental
Las matrioshkas son esas conocidas muñecas pintadas con representaciones tradicionales rusas que tienen la particularidad de encerrar otra muñeca dentro. Y luego otra, y otra… así hasta llegar a una última muñeca que ya no se abre. Esa, la más pequeña, marca el final del juego. Y en esta guerra, que de juego tiene poco, puede pasar algo parecido: cuando logremos superar todas las capas de horror humano, social y económico vamos a encontrarnos con una muñeca pequeña, insignificante en comparación con las que habremos pasado antes, pero que puede servir para volver a empezar a montar mejores muñecas a su alrededor.
Desde la lógica de Vladimir Putin la guerra tiene una lectura expansionista. Dice sentirse amenazado porque le rodean los países de la OTAN, que han seguido creciendo hacia sus fronteras. La votación que tuvo lugar hace unos días en la ONU para exigir un alto el fuego, sin embargo, muestra otra cosa bien diferente: su entorno fronterizo le es directamente favorable (Bielorrusia y Corea del Norte votaron en contra) o cuanto menos permisivo (Armenia, China, Kazajistán, Mongolia o Tayikistán votaron en contra).
Votación sobre el ataque a Ucrania en la ONU
Votación sobre el ataque a Ucrania en la ONU
¿Qué rodea a Rusia entonces? Un enorme descontento, que no una amenaza. Basta fijarse en la actitud que han tomado aquellos países en los que Vladimir Putin ha actuado en los últimos años, de forma directa o indirecta, para ampliar su influencia. Para empezar, han votado contra Rusia en la ONU. Y, para continuar, han pedido unirse a la UE.
🇲🇩 Moldavia: Aunque no ha tenido un conflicto abierto con Rusia, desde la desintegración de la URSS el país ha tenido parte de su territorio anclado en el pasado comunista. Se trata de Trasnistria (basta ver la bandera, escudo y esculturas), una franja al este del país, que quiere ser independiente desde 1990 y más o menos tiene su propia configuración estatal aunque nadie les reconoce como tal. Tampoco Rusia. Eso sí, tienen a una parte del ejército ruso ahí, y eso que hace cuatro años la ONU les exhortó a que se retiraran. La presidenta moldava acaba de pedir la entrada del país en la UE.
🇬🇪 Georgia: La primera escaramuza bélica intensiva de Putin tuvo lugar en su territorio, con un componente similar al anterior. La diferencia es que Georgia sí intentó recuperar el control sobre Osetia y Abjasia del Sur, territorios que querían su independencia y sobre los que Rusia ejercía influencia directa. El Kremlin intervino militarmente, decantando la guerra. Duró una semana y en apariencia quedó todo como estaba, pero ya nada sería igual porque Rusia vio cómo la UE le dejó hacer. Hace unos días también pidieron entrar en la UE.
🇺🇦 Ucrania: Cinco años después de la escaramuza en Georgia la cuestión empezó a tensarse en Ucrania. Una protesta popular favorable al acercamiento a la UE acabó tumbando al presidente, cercano a Rusia, lo que a su vez provocó una escalada en varios territorios rusófilos del este y el sur del país. El Kremlin, que consideró aquello un golpe de Estado, intervino militarmente y se anexionó Crimea en 2014. De nuevo, no pasó nada. Ocho años después, y con una excusa similar a la empleada en Georgia, se esperaba que Vladimir Putin interviniera en Donetsk y Lugansk, las otras regiones prorrusas que claman por su independencia. En su lugar puso en marcha la invasión a gran escala de todo el país. La reacción: su presidente también ha pedido la entrada del país en la UE.
Hay más ejemplos, y hablan por sí solos: Rusia sólo tiene influencia directa en Bielorrusia, que al parecer no se ha atrevido a participar de forma activa en la guerra más allá de ‘dejar hacer’ a Putin. Mientras, los países fronterizos de Ucrania, que antaño pertenecían a ese bloque post-soviético, están ahora del lado occidental y plantando cara a Rusia:
🇵🇱 Polonia ha acogido a un millón de refugiados y estudia la entrega de aviones de combate a Ucrania.
🇷🇴 Rumanía ha acogido a casi cien mil refugiados mientras la OTAN aumenta la presencia de fuerzas en el país.
🇸🇰 Eslovaquia acoge a más de cien mil refugiados y ha pedido acelerar la entrada de Ucrania en la UE.
🇭🇺 Hungría, a veces más cercana a Rusia que a occidente, ha abierto sus fronteras a los refugiados y permitido que la OTAN despliegue sus tropas en su franja oriental.
¿Qué significa esto? Que Rusia lleva años intentando ganar por la fuerza la influencia que perdió tras el derrumbe de la URSS. Pero que conforme más utiliza la fuerza, mayor es el rechazo que genera en ese llamado ‘espacio post-soviético’. Sí, la influencia rusa es fuerte, y la estrategia de partir los estados con repúblicas autoproclamadas que controla a distancia sirve para dividir. Pero la otra parte no corre hacia los brazos del Kremlin, sino que huye en dirección contraria.
Es evidente que ninguna de las tres peticiones va a tener una respuesta rápida o sencilla: el procedimiento para entrar a la UE no es fácil, y en estos casos hay otras complicaciones geopolíticas. Pero en un momento de crisis del sentimiento europeo, en el que Reino Unido se salió del club y países como Polonia o Hungría han estado tensando la cuerda, el conflicto bélico ha servido de acicate unificador.
A fin de cuentas Europa surgió como proyecto para evitar las guerras del pasado, tan frecuentes como sangrientas. Y, aunque no ha terminado de evitarlo, al menos sí ha servido para prestar un refugio de prosperidad y garantías para sus miembros. Por eso, y aunque el sentimiento europeísta llevaba diez años bajando, la reacción comunitaria a la pandemia sirvió para reverdecerlo. Y en cuanto Rusia ha mostrado sus garras, occidente aparece como una opción seductora.
Nota: El mapa no incluye la adhesión a la OTAN de Macedonia del Norte (2020)
Nota: El mapa no incluye la adhesión a la OTAN de Macedonia del Norte (2020)
La UE es a día de hoy la superpotencia más inclusiva y rentable de cuantas hay en el globo. De hecho, desde el fin de la Guerra Fría occidente ha creído a pies juntillas que un floreciente comercio en un mundo conectado era la clave para evitar la guerra. Vaya, que la mezcla de democracia y capitalismo era tan efectivo para garantizar la paz como el hecho de que los dos contendientes tuvieran armas nucleares apuntándose. Por eso, al menos hasta ahora, era también la superpotencia más inofensiva de todas. 
Y no se trata sólo de un repentino europeísmo, sino de cierto occidentalismo súbito. Finlandia y Suecia, amenazadas por Rusia si entraban en la OTAN a causa de su proximidad geográfica, han dicho que son libres para decidir a pesar de las amenazas. Las repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania) han pedido ayuda a la Organización ante el riesgo de un ataque ruso. Hasta Suiza ha dejado su tradicional neutralidad para imponer sanciones, en sintonía con los países que la rodean por una vez en su historia.
Nunca la UE ni la OTAN habían sido más populares de lo que son ahora.
🌿 Punto dos: la guerra que habrá que librar tras la guerra
Cuentan las leyendas que había guerreros tan fieros que allá por donde pisaban no volvía a crecer la hierba. La realidad sin embargo es otra: tras un evento de destrucción, entre las ruinas y las cenizas, la vida se va abriendo paso. Recordarás la vegetación creciendo dentro de los edificios bombardeados en los Balcanes. O hayas visto imágenes de los bosques alrededor de Chernóbil. Y eso es exactamente lo que puede suceder cuando termine esta guerra, pero incluso en un sentido más amplio.
El mundo antes de la pandemia y antes de esta guerra se afanaba en varios combates mirando al futuro, destacando uno por encima del resto: la lucha contra el cambio climático. Se da la circunstancia que una buena parte de la contaminación que golpea nuestro planeta viene del uso de combustibles fósiles para dotarnos de energía. Y resulta que precisamente Rusia es uno de los mayores productores y exportadores del planeta. Es una refinería con bombas nucleares.
Fuente: CIA Factbook (estimado 2018)
Fuente: CIA Factbook (estimado 2018)
Fuente: CIA Factbook (estimado 2017)
Fuente: CIA Factbook (estimado 2017)
¿Qué tiene que ver esto con la guerra? Que si no hay una intervención directa occidental en ella tiene que ver justo con esas dos derivadas: el riesgo a que estalle un conflicto nuclear por una parte y el miedo a que el Kremlin corte el suministro energético del que Europa depende por la otra.
Habida cuenta de que el mundo da millones de dólares a los productores mundiales de crudo y gas, y que Rusia (y otros países con estrategias políticas igualmente cuestionables) son potencias en ese ámbito, ¿no sería una buena idea buscar vías alternativas de crear energía?
Antes de que empezaran a encadenarse las desgracias, el mundo caminaba lentamente hacia la electrificación de los automóviles y la apuesta por las energías sostenibles. El debate, sin embargo, se ha complicado: suben tanto los precios (de la energía primero, de todo lo demás como consecuencia) que los defensores de la energía nuclear han encontrado el argumento perfecto para reivindicarla. Hasta la Comisión Europea se inclinaba, en un oxímoron argumental inesperado, por calificar como ‘verde’ a la energía nuclear. 
🤔 Uniendo los puntos
Igual que en la guerra nunca hay nadie bueno del todo, ninguna guerra puede traer jamás cosas buenas. Pero puestos a ser optimistas tras estos dos años de cataclismos apocalípticos, intentemos adivinar un futuro mejor. Una matrioshka pequeñita dentro de tantas capas de horror. Un futuro en el que Europa, la democracia y la diplomacia son la opción más atractiva de todas. En el que el gas y el crudo ya no nutran el motor del mundo. Más que nada porque si no el siguiente cataclismo será climático. Y si no, espera y verás el verano que tendremos. Si es que no tenemos una guerra nuclear y llegamos a verlo, claro.
Descansa, te escribo de vuelta este fin de semana 👋🏻
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Borja Ventura
Borja Ventura @borjaventura

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