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👨‍👩‍👧‍👦 Política de andar por casa (literalmente)

Borja Ventura
Borja Ventura
✏️ 1.450 palabras ⏱️ 11 minutos 
👋🏻 Saludos, votantes,
Tras unos días de asueto vuelvo a las andadas. Creo que voy a cambiar algo la forma de hacer el boletín, y creo que voy a ser un poco más flexible con la periodicidad (es decir, conmigo mismo). Son dos de las cosas que se me han ocurrido durante estas vacaciones, que he pasado en familia. Y de eso hablamos hoy: de la ideología que hay en nuestras casas.
Al lío 👇🏻
😎 Punto uno: líder de opinión
Hace muchos años hice un viaje en el que me tocó cuidar de dos niños pequeños. Al ir a comprarles un helado lo rechazaron, y eso que lo habían pedido minutos antes. El motivo: eran de la marca Royne. Pensé que sería cosa del idioma, por aquello de que “roín” en valenciano significa “malo”. Pero no. Es que su padre les había enseñado que eran helados de mala calidad porque eran “rumanos o algo así”, y que menudo asco (las palabras no son mías). 
Hice como que no escuché lo de “rumanos o algo así”, intenté explicarles que no tenían por qué ser malos y seguimos el viaje. La verdad, no quería meterme yo en re-educar a los hijos de nadie, pero huelga decir que me pareció aberrante. Unas horas después pasamos al lado de un grupo de personas y volvieron a decir que tenían pinta de inmigrantes, y que qué asco. No los helados, las personas. 
👨🏻‍🏫 Las primeras teorías de la comunicación (descuida, esto tiene que ver) hablaban del poder absoluto de los medios. Eran herramientas poderosas para la propaganda, como demostraron durante la Primera Guerra Mundial, y por tanto se tomaban como armas de dominación cuyo contenido consumía una masa informe de población. Lo de ‘masa’ venía porque todos eran iguales, sin matices, sin capacidad de escapar a esa influencia directa. La idea no tardó en desecharse para ir dando, en sucesivas teorías, más peso a la voluntad de la gente, la diferenciación de grupos heterogéneos y a cosas loquísimas como la capacidad que tenemos todos de no estar de acuerdo con lo que nos dicen.
🧒🏻 Pero los niños un poco masa sí son. Por eso aquella anécdota me hizo pensar en la segunda gran teoría, que vino a matizar un poco esa idea de influencia directa e indiscutible. Se llamó la teoría de los dos pasos (‘two-step flow’) porque decía que sí, que los medios influían mucho, pero que en realidad la gente presta atención a líderes de opinión que hacen las veces de propagadores de las ideas de los medios. Son gente en la que, por motivos diversos, confiamos, y que por tanto son influyentes: líderes políticos, opinadores, amigos, familiares, un sacerdote, una profesora… Y, por supuesto, unos padres.
☂️ Punto dos: nuestros filtros
A partir de los años ’60, gracias a la visión más social que se hizo hueco en las universidades, las teorías de la comunicación evolucionaron hacia postulados más abiertos. Por ejemplo, a comprender que en realidad nada puede tener un efecto absoluto en la gente porque nosotros ya tenemos nuestras propias convicciones. Nuestra ideología, entendida como visión del mundo, nos hace interpretar y filtrar lo que nos cuentan. Vaya, que decidimos si creérnoslo o no, si amplificarlo o despreciarlo.
🙈 ¿Y cómo se forma esa visión del mundo? De muchas formas, a través de muchas contribuciones y durante muchos años. Pero de forma incuestionable, en casa. Cuando un padre te enseña que un inmigrante es malo creces creyendo que es así. Al menos durante un tiempo, porque luego ya dependerá de tu capacidad crítica y de la construcción de esos filtros: algunos compartirán o incluso ampliarán esa visión mientras que otros la cuestionarán y rechazarán. Que se lo digan si no al hermano del exministro Wert o al padre de Juan Carlos Monedero, por poner dos ejemplos de divergencia familiar.
Será porque mi ‘yo periodista’ influye en mi ‘yo persona’ pero nunca me ha gustado intentar convencer de nada a nadie. Del mismo modo que no quise contradecir de forma directa las dañinas enseñanzas de aquel padre, intenté no ejercer una influencia comparable (aunque en dirección opuesta) en mis propios hijos. Pero es obvio que es ingenuo pretender eso: cada decisión que tomas en tu hogar, por pequeña que sea, les influye. Empezando por cómo nos tratamos y cómo solventamos los conflictos cuando nadie más nos ve.
🏠 Todo es ideología, también en casa. ¿Educación religiosa o laica? ¿Colegio público, concretado o privado? ¿Actividades deportivas o culturales? ¿Qué tipo de películas o series se ven en la televisión del salón? ¿Qué cosas corriges y qué cosas obvias? ¿Usan móvil desde pequeños o racionas su uso de pantallas? Cada opción que tomas respecto a tus hijos, incluso si les obligas a comerse las verduras o si les dejas beber Coca-Cola, son ideología. Sin pretenderlo transmitimos nuestra visión del mundo, nuestra ideología, a nuestros hijos. Y ellos aprenden sobre ella.
👫🏻 Punto tres: casa-Estado
En estos días, como decía al principio, he estado de viaje con familia y buenos amigos que son como hermanos. Y eso a pesar de que somos muy distintos, con contextos y visiones muy diferentes de la realidad.
Ellos vienen del mundo de los negocios en un entorno profundamente competitivo, y educan a su prole en esa visión. En consecuencia, tienen una visión economicista de muchas cosas: sus premios por buen comportamiento pueden ser económicos (paga), aprenden a gestionar sus activos (hucha) desde edades tempranas y hasta piensan en formas de invertir (vendiendo cosas que ya no usan para comprar otras nuevas).
Nosotros, por contra, jamás damos dinero a nuestros hijos, que sí tienen ahorros pero no son para gastar en bienes de consumo (cromos, juguetes y demás) sino para cosas muy excepcionales.
Llegamos a la conclusión, entre risas, de que su casa es como un Estado liberal, con el que aprenden a crear y gestionar mercado, mientras que nosotros respondíamos a la lógica de la protección social tan Europea y española: no necesitas gestionar tanto porque nosotros (papá y mamá Estado) te dotamos de las cosas que necesitas, quedando tus bienes para cosas muy puntuales. Más ideología.
En realidad me di cuenta de esa transmisión involuntaria de visiones políticas mucho antes. Desde pequeños, y como forma de zanjar discusiones (“esto es mío”, “no, es mío”) siempre he repetido lo mismo: “en casa todo es de todos”. No es que no exista la propiedad privada (por supuesto), pero creamos un espacio compartido en el que las cosas se gestionan y comparten en común (de nuevo, bajo la supervisión de papá y mamá Estado). Bueno, en realidad digo “a casa tot és de tots”, porque les hablo en valenciano aunque son madrileños. Y eso, también, es ideología.
Y así, construyendo esos filtros, vamos llegando a la edad en la que se construye ideología de verdad. En la que te preguntan por las diferencias entre partidos políticos, por el motivo por el que “maricón” o “payaso” no deberían ser insultos pero lo son porque se usan para discriminar o hacer daño a alguien, o tienes que explicar cuáles son las implicaciones de decir que alguien es “negro” cuando hay quien usa un rasgo como forma de abuso.
Crear ideología es cuando llevas toda la vida diciéndole a tus hijos que de mayores ya decidirán con quién estar, sea chico o chica, que lo importante es que te traten bien, que aunque no estemos de acuerdo hay que respetar las normas o que describir a alguien por su apariencia física no es correcto. Y de pronto te das cuenta de que tu hija siempre te responde exigiéndote el femenino cuando usas un neutro. O que reaccionan con extrañeza cuando un mayor les dice “no, esto es mío” o alguien suelta una muletilla religiosa.
Y entonces alguien nos mira con una contrariedad similar a la que yo debía reflejar cuando aquellos niños me dijeron lo de los helados Royne. Porque todo, lo suyo y lo nuestro, es ideología aprendida.
🤔 Uniendo los puntos
Creo que era de Marvel (no recuerdo la película), pero ya se sabe que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Es verdad que al final nuestros hijos acabarán desarrollando sus propias influencias y filtros, no todos buenos o malos, y que con suerte serán mejores que los nuestros. Supongo que el paso final de la educación consiste en cuestionar a tus padres y darte cuenta de que no tenían razón en todo, para luego ver que tenían razón en bastantes cosas. Quién sabe si también en su visión del mundo.
Por cierto, aunque sea lo menos importante de esta carta, que sepas que Royne es española. De Leganés, concretamente. También en eso estaba equivocado aquel padre.
Ánimo con la semana, te escribo en unos días 👋🏻
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Borja Ventura
Borja Ventura @borjaventura

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