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🔔 Por quien doblen las campanas

Borja Ventura
Borja Ventura
✏️ 1.400 palabras ⏱️ 11 minutos 
👋🏻 Saludos, votantes,
Esta semana arrancaba hablando del final del ‘procés’ y va a terminar hablando del nuevo PP que verá la luz tras su congreso. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Mucho: buena parte de la situación actual del partido tiene que ver con las cosas que hicieron con Cataluña, y su futuro pasará en buena medida por lo que decidan hacer en adelante a ese respecto.
Al lío 👇🏻
🪨 Punto uno: pasado pesado
A Zapatero lo tumbó su gestión de la crisis económica y a Rajoy la explosión de casos de corrupción en su partido. Pero en política una sola crisis, por grande que sea, no suele bastar para forzar un cambio político. Zapatero ya sufría un fuerte desgaste por una negociación con ETA que activó el voto de la derecha, igual que Rajoy había quedado muy tocado por su gestión de la crisis soberanista catalana.
Para entender la dimensión del error estratégico que supuso el ‘procés’ para el PP conviene recuperar tres instantes en el tiempo, tres comicios no consecutivos en Cataluña:
  • En 1995, un año antes de que José María Aznar llegara a la Moncloa, el PP logró en Cataluña 17 escaños, lo que le dejó como tercera fuerza política del Parlament. Fue el mejor resultado de su historia hasta ese momento, con Alejo Vidal-Quadras como candidato.
  • En 2003, un año antes de que el PP fuera desalojado de la Moncloa, el PP logró 15 escaños, quedándose como cuarta fuerza y recuperándose de la caída de los comicios anteriores. Esa sería la legislatura del tripartito y de la reforma del Estatut. Y fue la última antes de que apareciera Ciudadanos.
  • En 2012, justo después de la mayoría absoluta que devolvería al PP a la Moncloa, el PP sumaba 19 escaños, rompía su techo histórico y recuperaba la cuarta posición a sólo un asiento del PSC, que quedó tercero. Ciudadanos triplicó sus escaños, hasta alcanzar nueve parlamentarios. 
Salto en el tiempo: ahora mismo el PP tiene tres escaños, es la octava fuerza y se quedó a nada de desaparecer del Parlament. Y eso a pesar del derrumbe de Ciudadanos (tiene seis escaños, y llego a tener seis veces más) y de la relevante pero no definitiva irrupción de Vox, que suma once asientos.
💩 Punto dos: todo mal
Los análisis siempre habían apuntado a que los comicios catalanes no podían ser favorables para un partido de corte nacional, contrario al soberanismo y conservador. Sin embargo, Cataluña fue fundamental en la construcción del PP como fuerza de gobierno (para empezar porque Jordi Pujol hizo posible la entrada de Aznar en la Moncloa) y, en sentido contrario, ha sido clave para la destrucción de su marca porque otros han capitalizado la tensión territorial que crearon.
Por eso Ciudadanos fue el primer partido en la región, con 36 escaños, durante lo más duro del ‘procés’. Aquello supuso casi doblar el mejor registro histórico del PP. Y no sólo eso: la formación consiguió despegar en todo el país edificando su discurso sobre Cataluña. Dicho de otra forma: sin la tensión con el soberanismo que alentó el PP, Ciudadanos nunca hubiera despegado y el centro-derecha nunca se hubiera roto.
Pero quizá la consecuencia más problemática de aquello, ahora que Ciudadanos se ha diluido, llegó años después por el otro flanco: ante el derrumbe naranja y la debacle azul es el verde de Vox el que ha tomado posiciones. De nuevo, nadie hubiera apostado por que un partido de corte ultraderechista se acercara a las cifras que solía tener el PP precisamente en una de las regiones donde hay menor sentimiento español. Tampoco nadie hubiera previsto que un partido así estuviera en condiciones de dar la batalla por la hegemonía conservadora en el resto de España.
Y es que los errores del PP no sólo hicieron posible a Ciudadanos, sino también a Vox. Su primer líder, Alejo Vidal-Quadras, se opuso a aquel acuerdo entre Pujol y Aznar y acabó convirtiéndose en un paria, hasta que se fue. Tras él llegó Santiago Abascal, que siguió haciendo campaña contra el proceso con ETA de una forma que hasta le desubicaba en el PP vasco al que pertenecía. Una vez hecha la escisión el discurso de la unidad territorial sirvió de caldo de cultivo para su irrupción en 2018, y desde entonces ha sido imposible para el PP devolver ese toro al redil.
Ortega-Lara, Vidal-Quadras y Abascal (Agencia EFE)
Ortega-Lara, Vidal-Quadras y Abascal (Agencia EFE)
🐱 Punto tres: ¿y ahora?
De los dos enemigos íntimos sólo queda uno, el más fiero. Casado, cesado, se ha ido sin cumplir su objetivo de volver a reunir al centro-derecha bajo las siglas del PP. De hecho, quien ha conseguido absorber a Ciudadanos ha sido quien ha precipitado su caída. Y Feijóo, que ha tenido un debut bastante errático como líder ‘in pectore’ del partido, hereda un encargo difícil: que la recuperación que muestran los sondeos gracias a su figura no sean el rebote del gato muerto.
Para hacerlo nadie podía esperar que diera sorpresas. Más bien al contrario, sus primeros ‘cercanos’ son viejos conocidos del lugar: nada de figuras inesperadas e imprevisibles como Teo García Egea o Isabel Díaz Ayuso. Feijóo es gallego, de la escuela marianista (por Rajoy) y más de viejas glorias que de nuevos descubrimientos. Al menos de momento.
  • La primera figura fuerte que ha emergido junto al nuevo líder es la de Esteban González-Pons, un conocido de antaño que ya sonó en su día como posible secretario general en caso de que Feijóo hubiera dado el paso. Surgido del PP valenciano y de talante más conciliador que hace unos años, se ha paseado por Europa en lo que parecía una jubilación tras años de actividad nacional de la mano de Rajoy. Se desgastó a causa del encargo parar la música y encender las luces cuando se fue de mano el festival de corrupción de Camps y compañía.
  • La infiltrada del nuevo líder durante la convulsa transición de poder de Casado ha sido Gamarra, que ha demostrado ser muy Cuca (perdón): fue leal a Soraya Saenz de Santamaría hasta que pasó a ser leal a Casado, y fue leal a Casado hasta que le asestó la puñalada y empezó a ser leal a Feijóo. Ahora podrá demostrar su lealtad como secretaria de organización siendo, además, la voz del líder en un Congreso en el que Feijóo no tiene escaño.
Cuca Gamarra
Me ratifico en lo que trasladé ayer en el Comité de Dirección de @populares, que se celebre un congreso extraordinario con unidad para superar esta situación.

Pensemos todos en el PP y en España. Nos necesitan y se lo debemos.
  • El tercer nombre y nuevo ‘número tres’ es Elías Bendodo, desconocido en política nacional pero simbólica mano derecha de Juan Manuel Moreno, presidente andaluz y ahora heredero del título de principal barón territorial popular. Toda una señal de cohesión.
Ahora, como en el chiste: ¿qué tienen que ver un gallego, un valenciano, una riojana y un andaluz con Cataluña? Todo. España, por más que diga Ayuso, no es Madrid. Por lo tanto, aunque para gobernar tranquilo España necesites controlar Madrid, con eso no basta. Necesitas Galicia o Andalucía, grandes bastiones. Pero también recuperar feudos históricos como la Comunidad Valenciana. Y, cómo no, afianzar dominios con menor peso pero que aportan base y capilaridad, como La Rioja. Sólo así puedes volver a recuperar peso en territorios estratégicos en los que ahora eres insustancial pero que marcan la diferencia entre dominar o no el territorio.
Pero claro, siempre que sepas cómo hacerlo. De lo contrario oirás campanas y no sabrás por dónde, hasta que te des cuenta de que esta vez doblan por ti.
💭 Punto cuatro: me despido (no por hoy, por unos días)
Para cuando te llegue esta carta seguro que algún militante entusiasta ha dicho algo de que el PP ha vuelto. Como Laporta en el Barça, pero con menos cantera. Pero te aviso de que yo no voy a volver, al menos por unos días. No sé si te has dado cuenta, pero con esta van cincuenta cartas y creo que llega el momento de concederme un pequeño parón para recuperar fuerzas. 
Gracias por estar al otro lado, te escribo en breve 👋🏻
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Borja Ventura
Borja Ventura @borjaventura

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